domingo, 13 de septiembre de 2020

Tributo a Joaquín Carbonell

 


Mi tierra no es de azúcar, ni tiene mariposas en invierno,

ni montañas con risas de clavel, ni arrecifes dorados.

Y no es de miel, ni tampoco de espuma.

Es arcilla, sierra cortada y té, por los collados.

Testamento de piedra, y de ciprés.

Campanas que enlazan, el pueblo y la Masada alguna tarde.

Llamando a funerales, frío y eriales.

Eternos surcos de cartón.

No es canto de trompetas, ni timbales, sólo tambores.

Curtida piedra a golpes, fuerza y redobles.





 

El verano es la cuna, el invierno la muerte de la oliva.

Granos de primavera, endulzan cada viña.

Espliegos y romeros, las tardes amarillas.

Y es delgada la mies, cuando falta la lluvia.

 


Mi tierra es una tumba. Parda y blanca por fuera y roja dentro.

Negras minas de hierro y de carbón, forman sus huesos.

Sus gentes son, viviendo en la penumbra,

gente con soledad por corazón, y por recuerdos.

Metralla hirviendo, en gritos de estupor.

 


Un viento fuerte ha de llegar, por las colinas,

que barrera del polvo, tantas horas perdidas.

Epitafios de versos y palabras vacías.

Dejando en el paisaje, su esperanza extendida.

 


Un viento limpio ha de llenar, ha de llenar, la umbría.

Levantando del polvo, tanta casa caída.

Abrirán nuestras puertas, de golpe al mediodía.

Para empezar de nuevo, con más fuerza la vida.

"Canción para un invierno. Dedicada a Teruel" (letra de Pilar Navarrete, música Joaquín Carbonell) del disco "Con la ayuda de todos", 1976 -RCA