viernes, 27 de septiembre de 2013

Grandes Series: THE WIRE


Copio y pego un articulo de Mario Vargas Llosa publicado en el periódico EL PAIS en octubre del 2011. Aunque lo intente mil años este blogero no conseguirá escribir un texto mejor, por ello pido el permiso de autor y editor y me tomo la libertad de colgarlo. En un próximo post, con más tiempo, buscaré las concomitancias entre Baltimore y Zaragoza, entre la política municipal y la corrupción, entre la delincuencia de corbata y el gueto, entre la policía, los jueces y la prensa, entre el paro y el derroche público, entre los agobios sociales y la simplicidad de nuestra existencia.

Los dioses indiferentes
'The Wire' tiene la densidad, diversidad, ambición totalizadora y sorpresas que en las buenas novelas parecen reproducir la vida misma. No lo había visto nunca en una serie de televisión


Desde que la serie televisiva The Wire se transmitió he leído tantos elogios sobre ella que no exagero si digo que he vivido varios años esperando robar un tiempo al tiempo para verla. Lo he hecho, por fin, y he gozado con los episodios de las cinco temporadas como leyendo una de esas grandes novelas decimonónicas -las de Dickens o de Dumas- que aparecían por capítulos en los diarios a lo largo de muchas semanas.


Lo primero que sorprende es que la televisión de Estados Unidos -la HBO en este caso- haya producido una serial que critica a la sociedad y a las instituciones de ese país de una manera tan feroz. Probablemente en ningún otro hubiera sido posible; pero, esto no es novedad, pues tanto en el cine como en la televisión norteamericanos es frecuente esa visión destemplada y beligerante de sus políticos, empresarios, jueces, carceleros, banqueros, militares, policías, sindicalistas, profesores, etcétera. La diferencia es que aquellas críticas suelen ser individualizadas: son sujetos concretos los que se corrompen y delinquen, excepciones negativas que no afectan la esencia benigna del sistema. En The Wire ocurre al revés; es el sistema mismo el que parece condenado sin remedio, pese a que algunos de quienes trabajan en él sean gentes de buena entraña y hasta heroicos idealistas como Howard Colvin.

Aunque tiene el clásico esquema de una confrontación entre policías y delincuentes, The Wire rompe a cada paso ese maniqueísmo mostrando que, en el mundo en que transcurre la historia -los barrios negros y miserables de Baltimore, los colegios públicos de la periferia, las comisarías marginales, los almacenes y muelles del puerto, la redacción del principal periódico de la ciudad, The Sun, y las oficinas de la Municipalidad- hay buenos y malos entreverados y que en muchos casos la bondad y la maldad coexisten en una misma persona por momentos y según las situaciones. Lo único que queda claro, al final, es que, en aquella sociedad, casi todos fracasan, y, los pocos que tienen éxito, lo alcanzan porque son unos pícaros redomados o por obra del azar.

Una obra semejante debería dejar una sensación profundamente pesimista en el espectador, y, sin embargo, sucede todo lo contrario. Pese al fatalismo que preside la vida de esas gentes, hay entre los policías, los camellos vendedores de drogas, los ladrones, los matones, los periodistas, los profesores, gentes tan entrañables como el detective borrachín y parrandero Jimmy McNulty, o el policía convertido en maestro de escuela Roland Prez Pryzbylewski, el tierno adicto y confidente Bubbles, o los estibadores que ven, impotentes pero risueños, la desaparición de los astilleros que les han dado de comer y ahora los dejarán en el paro y el hambre. Gracias a ellos, uno sale reconciliado con la fauna humana, esa sensación de que, a pesar de que todo anda mal, la vida vale la pena de ser vivida aunque sólo sea por aquellos momentos de alegría que se viven disfrutando un trago en el bar de la esquina con los compañeros, o recordando aquella noche de amor, o la emboscada que tuvo éxito y -¡por una vez!- mandó al asesino entre rejas.

Los dos autores de The Wire, el ex periodista David Simon y el ex policía Ed Burns, trabajaron muchos años en el mundo que describe la serie. El primero de ellos dice que la concibieron como una novela filmada, y, también, que la mayor influencia que ambos reconocen es la de la tragedia griega, pues, en su historia, también la suerte de los individuos está fijada desde antes de nacer, por "unos dioses indiferentes" contra los que es inútil rebelarse. Algo de cierto hay en ambas afirmaciones. The Wire tiene la densidad, la diversidad, la ambición totalizadora y las sorpresas e imponderables que en las buenas novelas parecen reproducir la vida misma (en verdad, no es así, pues la vida que muestran es la que inventan), algo que no he visto nunca en una serie televisiva, a las que suele caracterizar la superficialidad y el esquematismo. También es verdad que un destino fatídico parece regir la vida de toda la fauna humana que la habita, algo que, justamente, da a sus esfuerzos por escapar a ese cepo invisible que la atenaza, un carácter dramático, patético y a veces hasta cómico.

¿Es la vida así, como la viven esos simpáticos y antipáticos pobres diablos? En absoluto. La vida de The Wire es la vida hechizada de las buenas ficciones, una vida amasada con pedazos de realidad que pasaron por la memoria, la imaginación y la destreza de unos guionistas, directores, actores y productores que se las arreglaron, por fin, para escapar de las banales series de entretenimiento a que nos tiene acostumbrados la pequeña pantalla y realizaron una obra auténticamente creativa: un mundo original, tan persuasivo en su coherencia y en su transcurrir, en la psicología de sus tipos humanos y en las peripecias de las que son autores o víctimas, en la riqueza de su jerga barriobajera, de sus dichos, de su mitología, de su mentalidad, que parece la pura verdad (ese es el triunfo de las grandes mentiras que son todas las buenas ficciones).

Como cada episodio de The Wire es tan endiabladamente entretenido, el espectador tiene la impresión de que, al igual que otras series, ésta también es pura diversión pasajera que se agota en ella misma. Pero no es así. La obra está llena de tesis y mensajes disueltos en la historia, que transpiran de ella e impregnan la sensibilidad de los televidentes sin que éstos lo adviertan. El más inequívoco es la convicción de que la lucha contra las drogas es una empresa costosa e inútil que nunca tendrá éxito, que sólo sirve para asegurar a la marihuana, la cocaína, el éxtasis y toda la parafernalia de estupefacientes naturales o químicos un mercado creciente, para causar más delincuencia y sangre en los barrios donde se trafica y para asegurar pingües ganancias a la multitudinaria maquinaria que se ocupa del tráfico.


La otra es todavía más inquietante: en las sociedades libres de nuestros días, la justicia pasa cada vez menos por las instituciones encargadas de garantizarla, como son la policía, las autoridades y los jueces, y cada vez más por las propias mafias y por individuos solitarios que, sabedores de la inutilidad de recurrir al sistema en busca de reparaciones o sanciones para los abusos de que son víctimas, ejecutan la justicia por su propia mano. Uno de los personajes más fascinantes de la serie es Omar, ladrón que roba a ladrones (y, por eso, según el refrán, debería tener cien años de perdón) y, de una manera más bien instintiva y casi animal, desface entuertos y castiga, infligiéndoles su propia medicina -es decir, la muerte-, a los asesinos del barrio. Que lo mate uno de esos niños de la barriada para los que su solo nombre es leyenda, tiene un siniestro simbolismo: en esos niveles de aislamiento y desamparo la civilización no llega ni llegará nunca y la única justicia a la que pueden aspirar los infelices que allí habitan la deparan los propios delincuentes o el azar.

The Wire no es menos pesimista en lo que se refiere a la política ni al periodismo. Ambas parecen actividades donde la decencia, la honradez y los principios son triturados por una maquinaria de malas costumbres, inmoralidad o negligencia contra la que no hay amparo. El alcalde Tommy Carcetti, antes de ser elegido, era un hombre bien intencionado y limpio, pero, apenas llega al poder municipal, tiene que hacer los pactos y concesiones necesarios para no perder terreno y termina tan hipócrita y cínico como su predecesor. El jefe de redacción del The Baltimore Sun descubre que uno de sus redactores falsea las noticias para hacerlas más atractivas y, al principio, trata de sancionarlo. Pero los dueños del diario están encantados con el material escandaloso y aquel, entonces, para salvar su puesto, debe inclinarse y mirar al otro lado. Que el periodista sinvergüenza reciba, al final de la serie, el Premio Pulitzer, lo dice todo sobre la visión amarga que The Wire ofrece sobre el alguna vez llamado cuarto poder del Estado.

Quisiera terminar con una crítica a la visión de la sociedad norteamericana de esta serie televisiva magistral: su existencia y el hecho de que haya sido difundida por HBO es el desmentido más flagrante a su desesperanza y a su sombría convicción de que no hay redención posible para Baltimore ni para el país que cobija a esa ciudad. Que se pueda decir lo que ella dice a los televidentes de esa manera tan eficaz y convincente es la prueba mejor de que aquellos dioses indiferentes no son omnipotentes, que, al igual que sus antecesores griegos, adolecen de vulnerabilidad y pueden ser a veces derrotados por esos humanos a los que zarandean y confunden.

© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.

jueves, 12 de septiembre de 2013

Las cosas importantes: VOYAGER 1


La nave espacial Voyager 1 de la NASA es oficialmente el primer objeto fabricado por el hombre en adentrarse en el espacio interestelar. La sonda, de 36 años de edad, se encuentra a 19 mil millones kilometros de nuestro sol.
La Voyager 1 se encuentra en una zona de transición entre la Heliosfera y la Nube de Oort, fuera de la burbuja solar.
Ed Stone, el jefe del proyecto Voyager ha declarado: "Ahora que tenemos nuevos datos clave, creemos que este es salto histórico de la humanidad en el espacio interestelar".
Voyager 1 detectó por primera vez el aumento de la presión del espacio interestelar en la heliosfera, la burbuja de partículas cargadas que rodean el sol que va mucho más allá de los planetas exteriores, en 2004. Entonces, los científicos intensificaron la búsqueda de evidencia de la llegada de la nave interestelar, conociendo el análisis e interpretación de datos podría tomar meses o años.
Voyager 1 no tiene un sensor de plasma de trabajo, por lo que los científicos necesitaban una forma diferente de medir el ambiente de plasma de la nave para tomar una determinación definitiva de su ubicación. Una eyección de masa coronal o una explosión masiva de viento solar y los campos magnéticos, que surgió del sol 03 2012 proporcionaron los científicos los datos que necesitaban. Cuando este regalo inesperado de que el sol finalmente llegó al lugar de la Voyager 1 13 meses después, en abril de 2013, el plasma alrededor de la nave espacial comenzó a vibrar como una cuerda de violín. El 9 de abril, instrumento de ondas de plasma del Voyager 1 detecta el movimiento.El paso de las oscilaciones ayudó a los científicos a determinar la densidad del plasma. Las oscilaciones particulares significaba que la nave estaba bañada en plasma de más de 40 veces más denso que lo que habían encontrado en la capa externa de la heliosfera. La densidad de este tipo es de esperar en el espacio interestelar.
El equipo científico de plasma de onda revisó sus datos y encontró una anterior, más débil conjunto de oscilaciones en octubre y noviembre de 2012. A través de la extrapolación de la densidad del plasma medidos de los dos eventos, el equipo determinó Voyager 1 entró por primera vez el espacio interestelar, en agosto de 2012.
"Literalmente, saltamos de nuestros asientos cuando vimos estas oscilaciones en los datos - que nos mostró la nave se encontraba en una nueva región, comparable a lo que se esperaba en el espacio interestelar, y totalmente diferente a la de la burbuja solar" Gurnett dijo. "Está claro que había pasado a través de la heliopausa, que es el límite-la hipótesis de largo entre el plasma solar y el plasma interestelar."
Los nuevos datos sugieren plasma a un calendario compatible con abruptos cambios duraderos en la densidad de las partículas energéticas que se detectaron primero el 25 de agosto de 2012. El equipo Voyager general acepta esta fecha como la fecha de llegada interestelar. Los cambios de partículas y el plasma cargadas eran lo que se podía esperar en un cruce de la heliopausa.
 "El trabajo duro del equipo para construir naves espaciales duradera y administrar cuidadosamente los recursos limitados de la nave espacial Voyager dio sus frutos en otra primicia para la NASA y de la humanidad", dijo Suzanne Dodd, director del proyecto Voyager, con sede en el Laboratorio de la NASA Jet Propulsion en Pasadena, California "Esperamos los campos y los instrumentos científicos partículas en Voyager seguirán enviando datos de vuelta a través de por lo menos 2020. No podemos esperar a ver lo que los instrumentos Voyager nos muestran al lado del espacio profundo ".
Voyager 1 y su gemela, la Voyager 2, se pusieron en marcha 16 días aparte en 1977. Tanto la nave espacial voló por Júpiter y Saturno. Voyager 2 también voló por Urano y Neptuno. Voyager 2, lanzada antes de Voyager 1, es la nave espacial más largo de funcionamiento continuo. Se trata de unos 9,5 mil millones millas (15 mil millones kilometros) de distancia de nuestro sol.
Controladores de la misión Voyager aún quién hablar o recibir datos de la Voyager 1 y Voyager 2 todos los días, a pesar de las señales emitidas son actualmente muy tenue, a unos 23 vatios - la potencia de una bombilla de nevera. Cuando las señales llegan a la Tierra, que son una fracción de una trillonésima parte de un vatio. Los datos de los instrumentos de la Voyager 1 se transmiten a la Tierra por lo general de 160 bits por segundo, y capturado por 34 - y las estaciones de la NASA Deep Space Network de 70 metros. Viajando a la velocidad de la luz, una señal de la Voyager 1 tiene cerca de 17 horas para viajar a la Tierra. Después de que los datos se transmiten a JPL y tratados por los equipos científicos, los datos del Voyager están a disposición del público.
"Voyager ha ido audazmente a donde ninguna sonda ha llegado antes, marcando uno de los logros tecnológicos más importantes en los anales de la historia de la ciencia, y la adición de un nuevo capítulo en los sueños humanos científicos y esfuerzos", dijo John Grunsfeld, administrador asociado de la NASA para ciencia en Washington. "Tal vez algunos futuros exploradores del espacio profundo se pondrá al día con el Voyager, el primer enviado interestelar, y reflexionar sobre cómo esta nave intrépido ayudó a hacer posible su viaje."
Los científicos no saben cuando la Voyager 1 se alcanzará la zona tranquila de espacio interestelar, donde no hay influencia de nuestro sol. Asimismo, no están seguros de cuando la Voyager 2 cruzará el espacio interestelar, pero creen que no es muy lejos.
JPL construyó y opera la nave espacial Voyager gemelo. La Misión Interestelar Voyager es una parte del sistema de Heliofísica de la NASA Observatorio, patrocinado por la División de Ciencia Espacial de la NASA en Washington Heliofísica. Red de Espacio Profundo de la NASA, dirigido por el JPL, es una red internacional de antenas que apoyan las misiones de naves espaciales interplanetarias y observaciones de radioastronomía y radar para la exploración del sistema solar y el universo. 



He aquí las cosas importantes de verdad, y no esas sartas de estupideces que cuentan nuestros políticos a diario. Estas son las noticias importantes y no la propaganda de la inmensa mayoría de medios de comunicación, que machaca y machaca hasta que nos lava el cerebro y como borregos les votamos. Estas son los mensajes que deben de circular en la red y no esos discursos aborregantes, hitlerianos, que enfervorecen a los que se dejan enfervorecer, y los ejemplos son bien cercanos: !Olvídense de nuestra corrupción, la del vecino es mucho peor...! ! Olvídate de tus problemas, porque te ofrecemos un nuevo futuro y cojonudo! !El viejo futuro son los demás...!