domingo, 24 de octubre de 2021

El viajero no es Saramago en Creta -V (by Alfonso)

 Here Chania.

Madrugamos para ver los alrededores del pintoresco paraje donde se sitúa este hotel, entre las rocas que rompe el mar  con fuerza y unos paredones de pura roca. Vemos un redil de cabras entre el mar y la montaña,  aquí tienen a un lado una valla de fuerte mallado y al otro lado la vertical roca que algunas cabras la desafían en increíbles ascensiones. Al fondo vemos el amanecer entre las montañas y más abajo la playa.

Salimos de Plakias por una pésima carretera, estrecha y bacheada; subimos, bajamos y nos acercamos a la costa hasta un fuerte veneciano en restauración.

Nos dirigimos montaña arriba por una zigzagueante carretera en obras, que trepa por la montaña paralela a la garganta de Imbros.

Al final después de tres horas para hacer cien kilómetros llegamos a Chania.

Chania es la segunda ciudad de Creta con una población metropolitana de ciento veinte mil habitantes.

Destaca su pasado minoico, la ocupación romana, musulmana, veneciana, otomana y finalmente la reunificación griega.

Impresionante su puerto veneciano, las fortificaciones venecianas y otomanas, sus barrios, mezquitas, iglesias cristianas y ortodoxas.

Una ciudad muy comercial y con mucho turismo.


Here Falassarna.

Salimos de Chania e dirección oeste, a la península Grambousa, llegamos después de casi dos horas, aquí son un poco mejor las carreteras. Empezamos a recorrer una pista con inumerables piedras y rocas que nos hacen ir muy despacio, rodeados de cabras que campan a sus anchas por la pista y por los montes, a la izquierda una casi vertical pared de piedra con ausencia total de vegetación, y a la derecha una fuerte caída hacia el mar. Después de media hora de traqueteo y tras pagar un euro por persona llegamos a un parking. Iniciamos una caminata en dirección norte, estamos solo nosotros y las cabras, es un entrenamiento para Samaria.

Volvemos al parking, con sed e intentamos comer algo de pan de pita, queso y jamón York, pero las cabras nos acosan, quieren nuestra comida, una incluso se quiere meter dentro de nuestro coche.

Más tarde descendemos una vertiginosa pendiente de unos quinientos metros hasta la paradisíaca playa de Balos.

Seguimos viaje hacia la playa de Falassarna y pernoctamos.