martes, 1 de abril de 2008

Matar al mensajero o el negocio periodístico (I)

“La acción del observador altera el sistema observado”. No es un proverbio chino, ni un aforismo árabe es una de las conclusiones del “Principio de Incertidumbre”. Una parte fundamental de la mecánica cuántica; la mejor forma -hasta ahora- de entender el universo. Heisenberg, Planck, Bohr, Dirac, Einstein, Feynman y muchos otros aceptaron, a regañadientes alguno, la posibilidad de que la naturaleza no encaje con el sentido común. Nuestra lógica de primates ex-arborícolas concuerda con Newton fácilmente, pero se escapa al funcionamiento de lo muy pequeño; también a la inexistencia de la certeza en las mediciones absolutas y a que la presencia del espectador es la causante. Como dice el matemático y divulgador Brian Greene: “Siempre causamos un efecto perturbador mínimo” y cuando dice siempre quiere decir siempre. Somos producto de una física capaz de crear consciencia, y aunque esta a su vez obvie las complicadas leyes de la materia, de alguna forma interactúan y afloran en el comportamiento colectivo. Empíricamente se demuestra que la objetividad no existe, que no es posible el absoluto equilibrio. La justicia, la educación, la política, la filosofía o la ciencia carecen de la asepsia que por otra parte predican; los encargados de transmitir las sentencias, las cátedras, los dictámenes, los estudios o las teorías al resto de la población todavía carecen más de dicha asepsia. Son los mensajeros, son los que se dedican a acarrear las nuevas, son los negocios periodísticos. “A la sombra de la sabina” es hijo de los 60; cuando no existía ni la palabra “medios de comunicación”, cuando nos tirábamos pedos viendo el NoDo y nos importaba un pito las mentiras que contará. Crecimos sin conciencia de las noticias; la televisión no era una parte de la vida, la radio aburría y el periódico cosa de viejos. Después vino el Amstrong, el Watergate, la muerte de Franco y el 23F; y la cosa cambio, nos salió el bigote y nos creímos a pies juntillas que la prensa creaba la modernidad, que sin ellos estábamos indefensos, que con ellos sabíamos la verdad. Mejor pedigrí que los perros de los ricos. Salvoconducto para todo, sin duda, y lo demostraron; a Nixon se lo cargó Hermida, El Papus objetivo de los fachas, José María García tocándole las pelotas a los leones de Las Cortes, Luís del Olmo dando caña a la OTAN, El País y dejarte barba y del Andalán que voy a decir. Con semejante currículum al fin del mundo, pero claro luego vino la corrupción, el GAL y el felipismo y por supuesto un gobierno nuevo. Y la prensa en España encantada de haberse conocido. Ya habíamos comenzado a mosquearnos hacia días, recuerdo que a la SER le costó un verano enterarse de FILESA y demás chanchullos. Sin embargo se demuestra que cualquier record está sujeto a mejora, llegó la época de Aznar y alcanzó cumbres inimaginables. El Prestige fue un buen intento de ignorar el sucedido y pasar de puntillas; el trasvase del Ebro de cómo preparar un mentira con técnicos en la mano y la Guerra de Irak convertirla en un viaje a regiones hortofrutícolas; el colmo fue el 11M. Aquellos días cayo un gobierno y los medios, las empresas periodísticas se fotografiaron en primer plano. Carlos Herrera por la tarde de aquel fatídico jueves argumentaba todo lo argumentable contra la alocada posibilidad de un atentado islamista, la agencia EFE sacó nota en su papel de defender al que les había puesto; El Mundo, ABC, COPE a toque de arrebato cerraron filas. La SER, sabedores de lo que se jugaban, sacó un despliegue de antología; sobretodo con una tarde-noche del sábado al domingo 14 de Marzo digna de pasar a los decálogos de la mejores universidades de periodismo manipulador del planeta. Las televisiones se lucieron, la única que se salvó un poco fue Tele5 que retransmitió parte del ambiente crispado de día 13. No obstante no pudieron ocultar nada, por ejemplo la cadena Euronews ofreció en directo buena parte de los incidentes frente a la sede del PP en Madrid; menos mal que vivimos en Europa y existe Internet. Un problema de los medios de comunicación -como el de los alcohólicos- es el reconocimiento de que tienen un problema. El desvelamiento de lo que subyace bajo la burka. Criticar a las empresas periodísticas, tan solo hablar de ellas, supone oír al unísono un coro corporativo y petulante. Con la repetida argumentación lacrimógena: “¡están matando al mensajero!”. No pueden ir más allá en su dialéctica defensiva, no pueden porque el mundo de la información es el mundo de las empresas que venden información, de los resultados semestrales, del descenso de ventas publicitarias, del fichaje de la competencia. El día en el que los ciudadanos veamos a estas empresas como lo que son: simplemente empresas para ganar dinero; tal vez su poder se matice y mesure. Yo no creo que lo vea.

miércoles, 19 de marzo de 2008

Arthur C. Clarke ha muerto


“Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra. Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido, luce una estrella en ese Universo.” Arthur C. Clarke

    2001 para “A la sombra de la sabina” es más que una película de culto, es más que una obra maestra de Stanley Kubrick, es más que una gran novela de ciencia ficción verosímil de los sesenta. Recuerdo la primera vez que la vi en el cine Argensola y no entendí nada, insistí en verla otra vez esperando enterarme de algo, y descubrí cosas que antes no había visto; leí el libro y se me aclaro bastante, volví a verla y me gusto más, y otro vez más y otra, y otra y ahora, unos 30 años después de aquella primera sesión, gracias al video, continuo repasándola cada año y aún descubro algo nuevo. Pensando por el motivo de este extraño comportamiento, hoy, cuando nos deja el prendedor de la llama imaginativa de Kubrick, comienzo a comprender dónde se inicio mi búsqueda, dónde comenzó mi pesquisa persistente, mi viaje iniciático tras las respuestas. 
    Ha muerto un científico, un gran novelista y sin duda uno de los grandes divulgadores del siglo XX con Isaac Asimov y Carl Sagan. Deseó insistentemente vislumbrar el futuro, soñó despierto con el futuro. Acertó y se equivocó, pero no rebló nunca es su análisis de la trascendencia del pensamiento humano y logró ser cómplice de toda una generación de buscadores de respuestas. Arthur C. Clarke dijo una vez: “Las herramientas inventaron la humanidad, que a su vez inventó nuevos instrumentos que la reemplazaron”
    Gracias por hacernos dudar.

domingo, 16 de marzo de 2008

Un hermano-hombre llamado Labordeta






































“Toquemos membranófonos, aerófonos, dulzainas, chiflos y salterios y expulsemos de aquí a tanto nuevo cacique como la política nos ha parido” así termina el prologo que José Antonio Labordeta escribió en el libro de Ángel Vergara sobre la música tradicional “Instrumentos y tañedores”. Está fechado en Julio de 1994, meses después de la infausta moción de censura que protagonizó Pepe Marco. Corrieron vientos de vergüenza colectiva, fueron tiempos donde el amargo sabor a bilis nos abocó a la nausea. Vivimos estupefactos como un gobierno, malo o bueno, legitimo siempre, se descabalgaba por el afán de poder y los intereses espúreos. Con el aplauso, tal vez no sólo eso, de una gran empresa periodística y la complicidad de mucha gente autocalificada de izquierdas. Los Adolfo Burriel, Ramón Tejedor, Mª Pilar de la Vega, Ángela Abós, Isidoro Esteban, Triviño, etc..; también los Carlos Pérez Anadón, Gimeno, Piazuelo; guerristas, roldanes, rurales y damascos en fin, y por supuesto De Torres y el inefable Gomáriz. Años más tarde la ruega gira y gira. Años más tarde la objetividad continua sirviéndose fría. Años más tarde los poderes fácticos dictan sentencia. El Congreso de los Diputados ha tenido el honor de albergar durante ocho años a José Antonio Labordeta, como antes lo tuvo con Rafael Alberti o Camilo José Cela. En dos legislaturas cruciales, transcendentes para el asentamiento de la democracia, donde pasaron muchas cosas y donde algunos pretendieron tensar la cuerda hasta casi romperla. La representación del aragonesismo de izquierdas, de CHA, estuvo allí y no de mero figurante precisamente. Esta es la historia de un trabajo bien hecho, de cumplir bien con la palabra dada, de ser la voz de un pequeño país que quiere que le oigan. Luchar contra la vorágine, contra los mezquinos medios de comunicación de Madrid, contra los peores y más palurdos de Aragón, contra el olvido de la progresía, contra el insulto de la derecha, pero también, es verdad y no me duelen prendas en ello, con excepciones en el trato como la del propio Rodríguez Zapatero. “A la sombra de la sabina” intenta imaginar si Labordeta hubiera sido diputado por el PSOE o por IU o si hubiera sido catalán o vasco; o si no hubiera sido de un pequeño partido nacionalista que se le ocurrió tocar poder, con errores y aciertos, en Zaragoza. Intento imaginar la altura que alcanzaría la baba mediática; como sería posible soportar la insistencia en el loa, en el homenaje a la labor y en la tristeza por la marcha sin sucesión. “A la sombra de la sabina” tal vez imagina demasiado. La última vez que hablé con José Antonio Labordeta, con “El Abuelo”, fue en pleno fragor de la batalla contra el trasvase del Ebro, cuando ya cundía el desánimo, cuando Aznar se relamía en los beneficios de los amigos. Me interesaba su opinión, su pensamiento por lo que iba a pasar y le pregunté por ello; con socarronería y a la vez convencido hasta la médula de lo que decía, me respondió: ¡Siempre nos quedará la cultura, amigo!