Tal vez sea una pregunta artera, no
la harán en RTVE o en la Sexta, o tal vez una nueva prueba del algodón que los
hados infligen a la joven democracia española, pareja al peligroso Golpe de
Estado de Tejero o Puigdemont. Y es que “sanchismo” no es ser fan de Sancho
Panza, ojalá, entonces sería sinónimo de realismo y cordura.
“Sanchismo” es
una palabra que todavía los diccionarios no recogen, como tampoco recogían
“franquismo” antes de 1975, y es que estos vocablos tienen un componente
relacionado con el ejercicio del “poder”, son peyorativos y por lo tanto objeto
de una velada censura, aunque de uso común entre la población y la prensa
crítica. La misma palabra “franquismo” es ejemplo, en 2026 la RAE lo enuncia como
“dictadura de carácter totalitario impuesta en España por el general Franco”, pero
antes hubo otras definiciones diferentes, y con “sanchismo” sospecho que pasará
algo similar. No me cabe duda que los dos términos infieren “el régimen” o en
otros casos “el orden establecido”, sucede cuando se une un nombre propio con
la terminación “ismo”, y cuando los detractores del actual presidente del
gobierno lo usan de equivalencia con cacique, y la voz “sanchista” con lameculos.
Son disquisiciones semánticas, y hasta semióticas y sintácticas, excesivas para
este humilde post.
Ahora bien, si
ahondaré en la tesis que quiero defender: el llamado “sanchismo” no es otra
cosa que “la cruda realidad”, c’est comme ça cantaba el grupo francés
Les Rita Mitsouko, que se traduce en “es lo que hay”, o “así son las cosas”, o “así
es la vida”, o “es lo que toca”, o “si naciste para martillo del cielo te caen
los clavos” del Pedro Navaja de Rubén Blades, o el más prosaico “si te
ha pillao la vaca, jódete”. A los arribistas de todos los colores y pelajes, les
fue mejor, esos que vieron la política como un oficio y concursaron, son ahora diputados,
concejales, cargos públicos, o lo que haga falta; la única exigencia es la cara
de hormigón armado y la sumisión incondicional. Y solo subsisten por la
existencia de un caudillaje endémico y unas leyes incapaces de evitar la
perversión del sistema, la incompetencia consuetudinaria y la corrupción en la
barra-bar del puti-club.
Los
“sanchismos” desembocan, quieran o no, en el reloj que solo acierta dos veces
al día por estar parado, en la ausencia de escrúpulos, en el buenismo woke e
hipócrita, en los oídos sordos ante la asunción de responsabilidades y dimisiones,
en las extrañas relaciones con los sátrapas, en las felicitaciones de Hamás, en
las confidencias de una sauna, en la permisividad con las multinacionales
piratas de la “nueva esclavitud”, en el paradigma de la subvención a los
acólitos y al sectarismo, en la escasez de méritos, en el blanqueamiento anal
de supremacistas y etarras, en la prepotencia chulesca, y en un etcétera inmenso de
desatinos y del todo vale para seguir mandando con séquito y al capricho de un
trirreactor Dassault Falcon 900.
Y aun
queriendo analizar el “sanchismo” con asepsia, no será difícil parecer
tendencioso, es el resultado de una forma de gobierno demasiado inusual, demasiado
alejada de los parámetros occidentales, de la tradición parlamentaria de
derrota y convocatoria de elecciones, de la vergüenza torera; creo que en un
hipotético ranking de plenitud democrática ocuparía un puesto bajo, sin duda muy
superior a cualquier país africano, pero a distancia de la mayoría de los europeos.
Entonces surge
una nueva pregunta: ¿cómo pudo el “sanchismo” alcanzar el poder?, y eso se
responde con el cambio de la chaqueta del PNV, algún día explicaran el cómo y
el porqué, pues si la corrupción del PP fue el motivo, y la hubo sin duda, ¿no
será mayor la del PSOE con un ministro del status de Ávalos condenado y en la
cárcel? Y otra más: ¿cómo es posible que logren subsistir en el poder?, y la contestación
es el forofo, el partidario haga lo que haga, robe, mate, viole, meta un gol
con la mano, teatralice un penalti, imite a la selección
argentina contra la española; y no importa que milite en el partido o solo simpatice, su
objetividad es inexistente y el resto del universo somos tontos. El forofo es
el alimento de los “sánchez” de turno, y por supuesto junto a los frentistas que perdieron un antepasado en la guerra (los otros abuelos eran de la Falange, pero no lo dicen) son los
de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio, los obtusos sin remedio o los
favorecidos por el clientelismo. Y un tercer
o cuarto añadido, los pipiolos que picaron en los cebos tangentes, llámese progresismo, ecologismo, feminismo, y siguen los ismos; es el resultado
provechoso de los mensajes subliminales, de ese “siempre nos quedará la
cultura” (porque somos sus dueños, añado) o la ciencia, o tener la razón en exclusiva,
algo que funciona con los acomplejados de la “corrección política” y en los
miedosos a ser un disidente cuando gobierna “la izquierda”.
Y desde la rebeldía de la ética, esas palabras olvidadas en este mundo ah hoc que nos tocó en suertes, y también desde el hartazgo por tanto modorro en las cucharas, solo queda confiar en que tarde o temprano llegará la lluvia y luego escampará, que ningún mal dura cien años y que en las democracias las urnas a veces limpian de estiércol los establos.




No hay comentarios:
Publicar un comentario