lunes, 24 de agosto de 2026

¿Qué es el sanchismo?

Tal vez sea una pregunta artera, no la harán en RTVE o en la Sexta, o tal vez una nueva prueba del algodón que los hados infligen a la joven democracia española, pareja al peligroso Golpe de Estado de Tejero o Puigdemont. Y es que “sanchismo” no es ser fan de Sancho Panza, ojalá, entonces sería sinónimo de realismo y cordura.

“Sanchismo” es una palabra que todavía los diccionarios no recogen, como tampoco recogían “franquismo” antes de 1975, y es que estos vocablos tienen un componente relacionado con el ejercicio del “poder”, son peyorativos y por lo tanto objeto de una velada censura, aunque de uso común entre la población y la prensa crítica. La misma palabra “franquismo” es ejemplo, en 2026 la RAE lo enuncia como “dictadura de carácter totalitario impuesta en España por el general Franco”, pero antes hubo otras definiciones diferentes, y con “sanchismo” sospecho que pasará algo similar. No me cabe duda que los dos términos infieren “el régimen” o en otros casos “el orden establecido”, sucede cuando se une un nombre propio con la terminación “ismo”, y cuando los detractores del actual presidente del gobierno lo usan de equivalencia con cacique, y la voz “sanchista” con lameculos. Son disquisiciones semánticas, y hasta semióticas y sintácticas, excesivas para este humilde post.

Ahora bien, si ahondaré en la tesis que quiero defender: el llamado “sanchismo” no es otra cosa que “la cruda realidad”, c’est comme ça cantaba el grupo francés Les Rita Mitsouko, que se traduce en “es lo que hay”, o “así son las cosas”, o “así es la vida”, o “es lo que toca”, o “si naciste para martillo del cielo te caen los clavos” del Pedro Navaja de Rubén Blades, o el más prosaico “si te ha pillao la vaca, jódete”. A los arribistas de todos los colores y pelajes, les fue mejor, esos que vieron la política como un oficio y concursaron, son ahora diputados, concejales, cargos públicos, o lo que haga falta; la única exigencia es la cara de hormigón armado y la sumisión incondicional. Y solo subsisten por la existencia de un caudillaje endémico y unas leyes incapaces de evitar la perversión del sistema, la incompetencia consuetudinaria y la corrupción en la barra-bar del puti-club.

Los “sanchismos” desembocan, quieran o no, en el reloj que solo acierta dos veces al día por estar parado, en la ausencia de escrúpulos, en el buenismo woke e hipócrita, en los oídos sordos ante la asunción de responsabilidades y dimisiones, en las extrañas relaciones con los sátrapas, en las felicitaciones de Hamás, en las confidencias de una sauna, en la permisividad con las multinacionales piratas de la “nueva esclavitud”, en el paradigma de la subvención a los acólitos y al sectarismo, en la escasez de méritos, en el blanqueamiento anal de supremacistas y etarras, en la prepotencia chulesca, y en un etcétera inmenso de desatinos y del todo vale para seguir mandando con séquito y al capricho de un trirreactor Dassault Falcon 900.

Y aun queriendo analizar el “sanchismo” con asepsia, no será difícil parecer tendencioso, es el resultado de una forma de gobierno demasiado inusual, demasiado alejada de los parámetros occidentales, de la tradición parlamentaria de derrota y convocatoria de elecciones, de la vergüenza torera; creo que en un hipotético ranking de plenitud democrática ocuparía un puesto bajo, sin duda muy superior a cualquier país africano, pero a distancia de la mayoría de los europeos.

Entonces surge una nueva pregunta: ¿cómo pudo el “sanchismo” alcanzar el poder?, y eso se responde con el cambio de la chaqueta del PNV, algún día explicaran el cómo y el porqué, pues si la corrupción del PP fue el motivo, y la hubo sin duda, ¿no será mayor la del PSOE con un ministro del status de Ávalos condenado y en la cárcel? Y otra más: ¿cómo es posible que logren subsistir en el poder?, y la contestación es el forofo, el partidario haga lo que haga, robe, mate, viole, meta un gol con la mano, teatralice un penalti, imite a la selección argentina contra la española; y no importa que milite en el partido o solo simpatice, su objetividad es inexistente y el resto del universo somos tontos. El forofo es el alimento de los “sánchez” de turno, y por supuesto junto a los frentistas que perdieron un antepasado en la guerra (los otros abuelos eran de la Falange, pero no lo dicen) son los de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio, los obtusos sin remedio o los favorecidos por el clientelismo.  Y un tercer o cuarto añadido, los pipiolos que picaron en los cebos tangentes, llámese progresismo, ecologismo, feminismo, y siguen los ismos; es el resultado provechoso de los mensajes subliminales, de ese “siempre nos quedará la cultura” (porque somos sus dueños, añado) o la ciencia, o tener la razón en exclusiva, algo que funciona con los acomplejados de la “corrección política” y en los miedosos a ser un disidente cuando gobierna “la izquierda”.

Y desde la rebeldía de la ética, esas palabras olvidadas en este mundo ah hoc que nos tocó en suertes, y también desde el hartazgo por tanto modorro en las cucharas, solo queda confiar en que tarde o temprano llegará la lluvia y luego escampará, que ningún mal dura cien años y que en las democracias las urnas a veces limpian de estiércol los establos.