domingo, 13 de septiembre de 2015

LAS OSCURAS MANOS DEL OLVIDO

Cuando el cómic dice más que los telediarios.Cuando la incorrección política vence al totalitarismo disfrazado y a la equidistancia cobarde. Cuando la manipulación histórica y el patrioterismo fabrica asesinos.  Cuando una gran obra trata sobre la barbarie, la venganza y el recuerdo a las victimas. Cuando Albert Camus escruta nuevamente la condición humana. Cuando entiendo mejor el arte leyendo LA PESTE.
Es un guion excepcional de Felipe Hernández Cava, y unos dibujos al nivel del texto de Bartolomé Seguí.
-Primera edición Mayo 2014. Norma Editorial –Barcelona-
 
 -Cuando estalla una guerra, las gentes se dicen: “Esto no puede durar, es demasiado estúpido”. Y sin duda una guerra es evidentemente demasiado estúpida, pero eso no impide que dure. La estupidez insiste siempre, uno se daría cuenta de ello si uno no pensara siempre en sí mismo. Nuestros conciudadanos, a este respecto, eran como todo el mundo; pensaban en ellos mismos; dicho de otro modo, eran humanidad: no creían en las plagas. La plaga no está hecha a la medida del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar.
 -Hombres que se creían frívolos en amor, se volvían constantes. Hijos que habían vivido junto a su madre sin mirarla apenas, ponían toda su inquietud y su nostalgia en algún trazo de su rostro que avivaba su recuerdo. Esta separación brutal, sin límites, sin futuro previsible, nos dejaba desconcertados, incapaces de reaccionar contra el recuerdo de esta presencia todavía tan próxima y ya tan lejana que ocupaba ahora nuestros días. [… ] era ciertamente un sentimiento de exilio aquel vacío que llevábamos dentro de nosotros, aquella emoción precisa; el deseo irrazonado de volver hacia atrás o, al contrario, de apresurar la marcha del tiempo, eran dos flechas abrasadoras en la memoria.
 -El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad sin clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. Los hombres son más bien buenos que malos […] El vicio más desesperado es el vicio de la ignorancia que cree saberlo todo.


 -Estoy harto de la gente que muere por una idea (...) he llegado a convencerme que el fondo es criminal. Lo que me interesa es que uno viva o muere por lo que ama (...) el hombre no es una idea.
 -La peste habia quitado a todos la posibilidad de amar e incluso de amistad, pues el amor exige un poco de porvenir y para nosotros no había ya más que instantes.
 -Mentir cansa mucho.

 -Nada en el mundo merece que se aparte uno de los que ama, y sin embargo, yo también me aparto sin saber porque.

 -Todo lo que el hombre puede ganar al juego (...) de la vida es el conocimiento y el recuerdo.

 -Hay una cosa que se desea siempre y se obtiene a veces: la ternura humana.
 -Las familias pobres se encontraban en una situación muy penosa, mientas a las familias ricas no les faltaba prácticamente nada. Aunque la peste, por la eficiente imparcialidad que aportaba a su ministerio hubiese debido reforzar la igualdad entre nuestros conciudadanos, el juego normal de los egoísmos, por lo contrario, agarraba más en el corazón de los hombres el sentimiento de la injusticia. Quedaba, claro, la irreprochable igualdad de la muerte.
 -Los prisioneros de la peste lucharon como pudieron. Y algunos de ellos llegaron incluso a imaginar que actuaban como hombres libres que podían elegir todavía. Pero a medida que pasaba el tiempo podía afirmarse que la peste lo había descubierto todo. Ya no existían destinos individuales, sino una historia colectiva que era la peste, y sentimientos que todos compartían. El más importante de ellos era la separación y el exilio con todas sus implicancias de miedo y rebeldía.
 -Oyendo los gritos de alegría que subían de la ciudad, Rieux tenía presente que esta alegría está siempre amenazada. Pues él sabía que esta muchedumbre dichosa ignoraba lo que se puede leer en los libros, que el bacilo de la peste no muere ni desaparece jamás, que puede permanecer durante decenios dormido en los muebles, en la ropa, que espera pacientemente en las alcobas, en las bodegas, en las maletas, los pañuelos y los papeles, y que puede llegar un día en que la peste, para desgracia y enseñanza de los hombres, despierte a sus ratas y las mande a morir en una ciudad dichosa.
Fragmentos de LA PESTE -1947- de Albert Camus (Mondovi, Argelia Francesa, 7 de noviembre de 1913 - Villeblevin, Francia, 4 de enero de 1960)

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